No te equivoques: no es cosa de los tiempos del Evangelio, hace más de 2.000 años. La lepra está entre nosotros: cada minuto y medio una persona se contagia de lepra en el mundo. En 2017 fueron registrados unos 210.000 nuevos casos, y la enfermedad, lejos de estar controlada, avanza rápido en el Mediterráneo Oriental, en América, en África, en el Pacífico Oriental y en algunas zonas de Europa, informa DPA.

India es el país con mayor número de casos; Brasil, el segundo, y la Argentina es zona endémica. En el hospital Avellaneda de Tucumán hay 12 personas en tratamiento; una más en el Padilla... Pero no hay información epidemiológica profunda.

No es castigo, es bacteria

La lepra está causada por la bacteria Mycobacterium leprae, descubierta en 1874 por el noruego Gerhard Armauer Hansen. Afecta piel y nervios periféricos, y a veces, mucosas y órganos internos. Las manifestaciones pueden ser múltiples: manchas blanquecinas o rojizas, pérdida de la sensibilidad, pérdida del vello y de la transpiración, hormigueos, debilidad muscular, engrosamiento de la piel y nódulos, infecciones y lesiones que ocasionan discapacidades y deformidades. Hay dos tipos: la tuberculoide, en la que predominan lesiones que son como manchas sin sensibilidad; y, una más severa, la lepralepromatosa, en la que predominan nódulos y deformidades. Esta puede llegar a desfiguramientos causados por destrucción de tejidos, como cartílagos de la nariz y de las orejas; daños permanentes en nervios de brazos y piernas, y privación irreversible de la sensibilidad cutánea.

Se puede curar

¿Impresiona? Sí. Pero se debe al estigma histórico, nacido en el hecho de que, al ignorar su causa, se la tomó como castigo divino. “La primera reacción del paciente ante el diagnóstico es el shock -describe la jefe de Dermatología del hospital Avellaneda, Silvia Molina-. Y hay que ayudarlo a entender que tomada a tiempo la enfermedad se pude curar, y si no, se controla”. Para ello se utiliza una terapia multidroga de antibióticos muy eficaces, que permiten tratamiento ambulatorio, aunque largo: de entre seis y 12 meses, según el tipo de lepra. (Ver “La adherencia...”).

“La medicación la provee la Nación y está disponible en el hospital”, destaca Molina y aconseja con insistencia que ante la aparición de manchas “que no pican, no duelen y no arden” se consulte de inmediato al dermatólogo, que está capacitado para el diagnóstico.

“Se contagia por contacto directo y prolongado a través de secreciones de las vías respiratorias”, añade Molina. Los síntomas tardan en promedio cinco años en aparecer, lo que dificulta saber dónde y cuándo alguien contrajo la enfermedad. “Pero el contagio es difícil: hace falta el encuentro entre un enfermo que transmita la enfermedad (no todos lo hacen, posibilidad que se elimina si están medicados) y una persona sana susceptible debido a una predisposición genética. La mayoría de las personas posee resistencia natural a la bacteria”, resalta.

Así y todo, en nuestro país se detectan -según la Sociedad Argentina de Dermatología (SAD)- entre 300 y 400 casos nuevos por año. “El área endémica está integrada por las provincias de Chaco, Formosa, Corrientes, Misiones, Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán, Salta, Jujuy y Buenos Aires, además de la Capital Federal”, se especifica en el sitio de la SAD.

Grave anuncio

Un informe de la OMS ha lanzado una alerta: en diversas partes del mundo se han detectado personas con cepas de la bacteria de la lepra resistentes a uno o más antibióticos utilizados para su tratamiento. Tras analizar 711 muestras de nuevos casos y 347 de retratamientos, el organismo detectó que nueve detecciones nuevas y otras tantas recaídas tenían cepas resistentes a la rifampicina, y que tres detecciones nuevas y dos recaídas tenían cepas resistentes a más de un antibiótico.

“Esto genera preocupación sobre el futuro del tratamiento”, afirma la organización en su informe, publicado en ‘The Weekly Epidemiological Record’.

La adherencia es crucial

El tratamiento está disponible y es gratuito

“Siempre la adherencia es clave, pero en este caso, además, se trata de antibióticos, lo cual complica un poco la cuestión”, señala Molina, y cuenta que desde el servicio se gestiona un trabajo de referenciación con los CAPS, para que los agentes sanitarios colaboren con los pacientes apoyando la adherencia. El tratamiento regular comprende como mínimo 12 dosis mensuales supervisadas (se toman en presencia del médico, según ordena la OMS) de rifampicina, clofazimina y dapsona y 324 dosis autoadministradas, una por día, de clofazimina y dapsona. “A los pacientes se les entrega un blister con toda la medicación del mes”, informa Molina.

Lo que conviene saber

- Toda mancha con adormecimiento persistente debe hacer pensar en lepra. Consultar con dermatólogo.

- Nunca se debe suspender el tratamiento.

- No hay vacuna; la mejor prevención son el diagnóstico precoz y el tratamiento adecuado.